6.3.08

Hay una garganta rechinando en medio de este lugar, ahora. Hay una garganta haciendo cof y puf y puaj, con los cartílagos manchados de verde y gusto a agua no insípida. Hay una garganta que rechina, herrumbrada, escupiendo polvito.
Quisiera rascarse por dentro. Escupiendo povito. Quisiera sacarse lo verde, la manchita molesta. Escupiendo polvito.
La garganta reconoció al ojo vigía. Lo adivina leyéndole el llanto y la risa, mirándole por dejabo de la pollera las vergüenzas. Ahora, aún con la manchita y escupiendo polvo verde, mira al ojo y le hace dedito. Aunque no entienda. Le hace dedito y lo manda a cagar. Aunque no lo merezca.
Se da vuelta hacia el mostrador y pide un vaso de agua, para aliviar manchitas. Pero el agua ya no es agua, ahora sabe a algo, quizás a manchita.



thatfeelinginside.

4.3.08

¿Cuánto tiempo hace que no soy yo, carajo?

Ahora arranco este relato, este... este conjunto de palabras, mejor, y lo arranco diciendo de mí mismo la pregunta que más me carcome. ¿Cuánto tiempo hace que no soy yo?
En las cavilaciones en que anduve metido mucho tiempo, triste de mí, llegué a pensar que no hay libertad posible. Yo era joven y me dio miedo, terror, enojo, rabia. Yo era joven.
Descarté esa idea un día que me abracé al cuerpo que quizás más deseaba desde hacía tiempo. Y fue mío. Y nadie vino a prohibirme nada. Diría hoy, si las palabras entre mis bigotes blancos no se cagaran de la risa de mí, que ese día acaricié la libertad en un par de piernas.
Después el desencanto, el no querer solo dos piernas y el gritito de la mala acción taladrándome las orejas. Y putear, o morderte. Nunca supe si... bah, preguntarle a nadie, no tiene sentido.
Entre mis cavilaciones y el paso irremediable del tiempo, a medida que el bigote blanco empezaba a sentarme bien, a acostumbrarse a mí, a quedarse a vivir, me convencí sin permitirme mucho alarde de rabietas una tarde de oficina particularmente pesada.
Diré la verdad, si alguna noche estoy solo y mis bigotes se duermen, si no pueden escucharme para hacerme sonrojar (qué viejo pelotudo, dirán), si no me averguenza soñar a esta altura de la vida y con tantos nudos en la corbata. Diré la verdad, que sueño solo a veces acariciar nuevamente un momento de libertad. No sé si ese cuerpo, quizás simplemente un día de solo aire. Uno de esos días donde el tiempo realmente juegue a favor, donde no tenga nada que hacer y el sol acaricie hasta matar. Creo que ahí podría volver a sentirme invencible, como hace 30 (mil) años.
Y volver a ser yo, sin tantas capas de afiches y publicidades que las empresas han ido pegatineando a mi piel, encontrando en mí otro objeto publicitario.
Y volver a ser yo. Ser yo. Algunas veces tengo la sensación de que sueño más tiempo del que vivo. Que ando automatizado más tiempo del que vivo. Que ando obligado más tiempo del que vivo. Que vivo el tiempo más tiempo del que vivo.


startagain - martescuatro
Pajaritos se encienden y otra vez la sensación de que mi vida es una superficie llena de agujeros y relieves donde cierto líquido se desliza metiéndose inevitablemente, sólo por las propiedades de las moléculas de todo líquido de llenar cada espacio donde entre aunque sea una.
Entonces la invasión es cuestión de cada día, de los pajaritos en llamas pasar a la pantalla plana, de la pantalla plana al rubor, brevemente al cielo y otra vez a caminar en suelo mojado.
Ya no hay huecos, en todos lados se metió algo, alguien cantó de repente y me asusté, fui corriendo, volví y ahí estaba otra vez, mi vacío rellenado a prepo.


tencia.

2.3.08

Cuando te está por doler la cabeza no hay nada mejor que un olor a plateado y menos ruido de chicharras. Un viaje al más acá.

- ¿Que es lo mas triste que podría ocurrirte en la vida?.
- Morirme sin haber hecho nada interesante, no tener ni una pagina en blanco ni en negro, esto es tristísimo, muy triste...
- ¿Que es para ti una vida triste?.
-
La de un señor que nace, vegeta, y muere.
-
¿Que es para ti vegetar?.
-
Vegetar es no tener una perspectiva detrás de lo que estas haciendo cada día; el no tener algo que te resarza de las tristezas y mediocridades de ocho horas de trabajo. El no encontrar un aliciente, aunque sea pequeño; el no saber apreciar las cosas pequeñas, que son las que pueden darte los placeres mas completos.
-
¿Quizás si uno se dedica a las cosas pequeñas, no podrá dedicarse a emprender grandes cosas...?.
- No, que va, si posee una vida interior intensa, a los demás puede parecerles que esta vegetando, pero en realidad esta trabajando, está viviendo cada cosa que hace, y esto es formidable. Una persona vegeta cuando no tiene satisfacción en lo que está haciendo, cuando no tienen una compensación por las cosas desagradables que le pasan a lo largo el día.
-
¿Entonces hay que complicarse la vida?.
-
No, yo creo que no. No es lo mismo complicársela que intensificarla.
-
En realidad la vida es una complicación..
-
O no, las pequeñas cosas pueden llegar a hacerte feliz.

1.3.08

En un espacio con ajuste de línea están sucediéndose estas cosas. Con ajuste de línea, dije. Mentira, porque aunque el texto no pueda irse del todo hacia los costados, sabemos (estarás, supongo) que es infinito. Infinito como las palabras en el embudo de mi mente. Un embudo proyector, como de diapositivas.
Imagino que mi frente es finita, es el agujero pequeño del embudo. Para atrás crece, agranda el diámetro y cuando llega al máximo es ahí donde se forma todo.
A veces las palabras son horribles, tengo que decirlo. Palabras que hacen doler la cabeza. Palabras de nube y niebla, de humo y cansancio. Otras veces, las veces que más me gustan, las palabras son más suaves, las de caricia y más de viento. Pero la verdad es que creo que no podemos elegirlas, no podemos saber en qué parte del círculo de la ciclotimia caer este día lluvioso de hoy.
Hay gigantes en el cielo mostrándonos el culo.
- ¡Santo dios!- Dice una vieja que debe vivir en frente, agarrándose con una mano el pecho, con la otra un gran monedero marrón lleno de flores feas, mientras mira para arriba.
- ¡Qué descaro!- contesta otro ser similar, que ahora se halla siendo aliada fiel de la señora del monedero floreado.
- Qué tiempos. Ya no se puede mirar al cielo sin ver un espectáculo de estos.
Las dos señoras se pegan a hablar y señalar con dedos regordetes los culos como nubes apuntando desde el cielo, gigantes depravados que están a punto de hacerles llover un líquido marrón que mancha.
Yo estaba ahí en la esquina pensando lo de mi embudo, ocurriendoseme palabras de toda índole, cuando los gigantes desde el cielo nos dispararon su líquido asqueroso. Las señoras, acordándose de cada santo que saben recitar, se tapaban la cabeza con sus monederos (¡pobres flores!), corrían del brazo y maldecían estos tiempos, este ajuste de línea levemente (terriblemente) desalineado.
Y estábamos, ellas desesperadas corriendo a casa, yo que ahora había dejado de pensar.
- ¡Nos están cagando desde arriba!- Me dijo alguien que pasaba tapándose la cabeza con el diario, en bici.
- A que no es la primera vez que decís eso.
Se quedó un segundo pensando, se rió fuerte y se fue rápido en la bici, debajo de esta repentina lluvia de caca de gigante.

En la calle, por lo pronto, quedaban charcos marrones, se me mancharon los pies hasta el tobillo y a lo lejos una de las viejas casi tropieza.
Si hasta el...

No, quizás no es la manera más lógica de tramar un monólogo escrito sobre fondo negro. Sobre todo porque el fondo oscurece lo que uno intenta aclarar, ¿o será que confundimos los valores y las palabras? Quizás no haya que aclarar, que en más de una canción alguien armoniza que no aclaren que oscurece. Quizás el alienado sea el otro, quizás la lógica es ilógica y la realidad una basura. Una bolsa de basura. Pero no hay nada nuevo bajo el sol y siguen bailando los mismos delirados, confundiendo las palabras los mismos intelectuales que no quieren que los llamen así. Los poetas siguen llorando la tierra, la vereda, el empedrado, después el asfalto y cuando ya se vuele en el futuro van a llorar los pies que entre felpa, plástico y pelpa andaban.
Se está levantando la humedad de la llovizna de recién, el platillo golpeado por el leve palillo y una cadencia de jazz genera más humedad en los ojos que en las terrazas plateadas. La brea se confunde en las techos con el malestar de mi mirar.

Si hasta el colectivo quiere rajar...

Me lo corregiría cualquier maestra de Lengua o Literatura. La Pacot, la García y hasta Beatriz Burgos me diría que hay algo equivocado en esa frase. Va más allá de la gramática, de la ética, de la libertad o la poética.
Las palabras tienen cargas, como un celular, pero generan mucho menos en este habitat artificial. El que no sabe como cargarlos llora de soledad, el que no sabe como escribir rápido pierde tiempo y el que no corre queda atrás. No hay competencia en realidad, en la realidad que está más adentro, abajo de los techos con brea.
Podemos decir que hay dos problemas, o tres según quien lo vea. Aunque en realidad quizás haya un montón más de los que puedo querer escribir. Infinitos problemas en una frase de seis palabras infinias.
El primero es la carga de las palabras, las cuales son como un prisma que genera miles de colores en más de miles de diferentes direcciones. Para acá y para allá, como flechas en mi murga. Cualquier cosa puede uno leer, cualquier cosa puede uno sentir. Cualquier cosa no da igual. Porque estamos inmersos en un mar de confusión (otra metáfora más que viene y que va, que oscurece y aclara como el sol, la noche y el río). La confusión genera que genere confusión cada cosa que en el aire flota, cada cosa que se mueve. Entonces no es igual, no da igual que cuando uno quiera mostrarle una foto de Polaroid a un colega el otro vuele en espejitos de colores. No son espejitos de colores lo que hoy vine a mostrar, sino una carta de renuncia y una carta de presentación. ¿Las dos a la vez cuando el sentido es solo uno? El mar de confusión me reclama desde lo más hondo. Este mar tiene un tesoro que su capacidad de ser como un prisma, que genera miles de colores en más de miles de diferentes direcciones. Y en el fondo esa capacidad es tan real como cada una de las cosas que uno puede leer bien en el fondo de su propio mar interno.
El segundo problema es quizás ideológico. Porque no es que el tipo este la pase bien sentado ahí donde está. Las jornadas ya no son de 8 horas, fue como una parábola este siglo XX que nos hizo pretender que venía bajando en progreso y ahora hacia el 1900 está volviendo a virar, como un barco sin timón. Las jornadas ya son de días enteros, donde se les duerme el culo a los caballeros y el cerebro entre tantas horas de ver empañados su vidrio con las gotitas de la llovizna de recién. Más tristeza que sale desde la alcantarilla para golpear en sus espejos negros para no encandilarse con tanto hoy en día que hay hoy en día. Uno le pide "uno" o le pide "noventa". Uno le pide "quince" o le pide "veintitrés". El destino es el mismo y es infernal. ¿O estaremos de vuelta confundiendo los valores y las palabras? Por ahí si fuera infernal el destino disfrutaríamos del calor humano. Entonces es esta persona, esta vida que se disfrazó con pelo largo, con camisa celeste y lentes para no ver, es una persona y por eso tanto como el poeta, la Pacot, la García, Beatriz Burgos y mi murga merece escapar. Pero no entramos todos en el SDF-1, yo lo vi cuando era chico. Algunos entraban por estrellas y otros entraban por milicias. Las estrellas de pelo azul cantaban bien y afinaban sobre estar enamorado, las milicas sólo querían matar. Quizás entonces antes de subir a esta nueva arca de noe lo mejor sea perecer y gritar que valió la pena lo que pasó, que uno quedó limpio intentando limpiar con todas sus ganas. Porque yo estoy escribiendo con mis manos, pero al lado mío hay un otro Luisalberto que tiene una escoba y barre lo que la lluvia ensució de mi terraza, corriendo la brea seca.
Y el tercer problema quizás haya que descubrirlo. La informalidad a la hora de escribir, el insulto y la desprolijidad, decir culo, que no sea graciosa mi ironía, que no sea amoroso mi abrazo, que no sea cautivante mi relato, que no tenga relato mi relato, que no haya un cuento entre estas letras, que la moraleja más profunda sea de otra canción. La anestesia de escribir con una escoba, la irrealidad de subirse y ya no pedir mas "ochenta". Que ya no tenga que pedir más tristes ochentas, que ya a las falsas lunas se le vean los hilitos, pero me sigan dando nostalgia igual. Y sonreír cuando uno tiene ganas de llorar y escribir cuando uno tiene ganas de morir. Y morir cuando uno tiene ganas de vivir. Y confundir cuando las palabras son para uno la flor y para el otro la mentira, cuando uno canta truco y el otro está jugando al black jack. El subterráneo del día a día, el metro que mide el acelere urbano y la tijera que corten estas ganas de querer crecer para poder disfrazarme y ponerme un buen traje, una buena corbata, peinarme para el costado -o para arriba porque ya estamos en otro milenio- y sonreir por mis Rocas que voy a cobrar a fin de mes para comprarme una pantalla chota-chata, un yo puedo en inglés alatinado o una línea blanca que me lleve por las calles a mandibulear. O por ahí comprar comida para mi Golden Retriever, nafta para mi negocio lunfardo. Que no se compra nada. Que no se vende nada. Acá sólo hay humedad que va subiendo para volver a ser lluvia. Y como un Bariloche al revés hoy rogamos muchísimos que se corte la cinta de esta película, no para morir, sino para poder empezar a vivir algo que nadie haya guionado.

A quién corresponda.
¿Sabés qué color tiene la vida? Ah, mejor no te digo. No, no, no insistas. No te voy a contar el final. ¿Que cómo que el final? Sí, porque no se descubre hasta tenerlo todo ahí, medio cocinado. Hasta que no te quede mucho por hacer, y hasta tener las cartas prácticamente jugadas. Te da terror no haberte dado cuenta antes.
Es un color, la verdad, inexplicable. Te lo diría si pudiera, para ahorrarte el trabajo de ir a verlo. Yo ya lo vi. Hasta lo toqué, si me permitís la locura, si me creés. No me tomes por loco. Yo toqué el color de la vida.
Vos estás muy fría esta noche, y lamento no ser mejor abrigo para vos. Pero qué se yo... el tiempo nos va dejando finitos e ineficaces.
Vamos a jugar a que me buscás por las calles y yo te encuentro antes. Vamos a jugar a que tenemos tiempo. Vamos a jugar a que tenemos 20 años y grandes ideas. Vamos a jugar a que podemos dormir una noche y despertar cuando querramos. Vamos a jugar a que estamos de pie y lo sabemos, a que nos miramos y entendemos, a que vibra el mundo y vibra rápido, eufórico. Vamos a jugar a que el futuro es un tobogán.
¿Sabés qué color tiene la vida? Yo creo que es blanca como la inmensidad. Blanca y profunda. Blanca y finita. Sí... antes creíamos que era infinita, ¿no? Yo toqué la blancura, y te toco en la eternidad ahora. Qué simpleza. Y te lo terminé diciendo.
¿Sabés de qué color está el cielo hoy? Eso decímelo vos. Vení a contarme. Está bien... si no querés no me cuentes, no hables. Pero vení.




.opmeiT