No existe la casualidad, sólo existen los sucesos. Depende qué color elijas en un paleta de pintor, la tonalidad que tomen. Porque lo sucesos se parecen mucho a una imagen para colorear. Uno de esos mandala, universos creados, en blanco y negro, para pintar adentro.
Casualidad es cuando preferís creer, pintar, que las puntas de una línea de arbitrariedad se tocaron por un segundo, formando un círculo perfecto.
Causalidad es cuando aceptás que en algún momento, lo recuerdes o no, ahora o antes de nacer la memoria, tus intenciones manifiestas resultaron en hacer que esas dos puntas se toquen, dejando de ser azarosas y pasando a hacer el dibujo mismo de la causa y efecto.
Así, de verdad, es como se vuelve perfecto al camino recorrido. Tenías razón, y ahora comprendí. El destino sigue siendo el mismo, destino Instrucciones, sólo que yo ya gané acceso permanente. Se convirtió en mi casa, mi escuela, el lugar donde me esperan. Entro vacía y me voy con cargas pesadísimas, que son ovillos infinitos de lana que procedo a desenredar lentamente. Cuando desato el último nudo, y con ellos comprendo, es la felicidad el único sentimiento posible.
Nada es igual. Nunca va a volver a serlo. Una vez que cruzás, cuando te rendís ante lo nuevo como hombre de guerra cansado de luchar contra sí mismo, el cambio es tan radical, tan notorio, que ni siquiera recordás quién eras antes.
Antes yo tenía fantasmas recorriéndome la cara. Antes no sabía qué hacer, para qué y cómo.
Ahora tengo dos cosas: Luz y misión.
Kuntur: el vuelo del cóndor.
10.9.09
15.5.09
Finalmente, después de tanto tanto tiempo, fui. Nada que ver con lo voluntario: simplemente el curso de la historia, quizás algo que pueda llamarse destino. Estuvimos en algún momento pensando en esa otra dimensión, en cómo llegar. El amarillo te deja ahí pero no hay forma de pararlo estirando el brazo. Será un episodio, algún punto de inflexión en el que cierres los ojos, y al volver abrirlos estás sentado en un asiento, mirando por la ventana cómo pasan lucecitas amarillas por la avenida.Entonces comienza el viaje: empezar a preguntarte, y entonces darte cuenta, de que no sos la misma persona. Que ciertas cosas te pasaron, que ciertas cosas te volvieron distinta cosa de lo que eras, que tenés nuevas opciones obligatorias. Está develado el misterio, yo fui y lo vi. Es un lugar indescriptible, es nada más que un vacío donde uno queda suspendido, y allí todo es tan perfecto que los pensamientos fluyen como corrientes de electrones. Entran y salen, son voces hablando de miles de cosas. En Instrucciones conocí los ingredientes que me faltaban para completarme, para terminar de caer. Supe de la soledad a pesar de tener gente al lado, supe de la decepción, supe del sentirse incomprendido, supe de no encontrar una mano cuando te tropieces y caigas, y te duela una rodilla. Y en esa otra dimensión de entendimiento, supe de la reconstrucción como herramienta para renacer. Me dijeron, las voces nuevas que contengo, que de tripas corazón y más, más adelante encontrarse. Solamente así. Como desprenderse, como dejar una rama de un árbol para volar y aterrizar en otro lado.Fui a Instrucciones. Me llevaron. Me arrastraron furiosamente sin poder parar. Me dieron contra el piso, me lastimaron alguna parte del cuerpo que sangró un rato. Pero ya está hecho. Se termina la historia de quien soñaba con ver más allá, con subirse, con ir y entender. Yo ya entendí.A otras dimensiones me dirijo en breve, en busca de lo que me falte. Estamos continuamente cerrando círculos para empezar otros. Y al fin de cada uno, cuenta alguna voz de entre la gente, hay una pequeña carta de despedida. Carta triste, dolorida, profundamente dolorida. Pero asegura, al final de ella, que los nuevos caminos prometen luces de todo tipo iluminando la historia de un simple ser humano.
Así será.
Aurevoir.
Así será.
Aurevoir.
11.5.09
¿Y si un día de golpe al volver me diera cuenta que cambiaste la contraseña de la puerta? ¿Si me diera cuenta en plena agonía, en plena caída, que cambio cada letra de tu cerradura y que mi llave no funciona más? Hay cerrajerías que funcionan 24 horas, pero a veces el auxilio se ve lejano. El campo no guarda grandes urbes y las cerrajerías no guardan soluciones. Y en una escena llena de picaportes es obvio que no hay ni herreros ni cuchillos de palo, ni silencios ni soluciones a esta puerta que no se abre. Esa horrenda sensación sin continuidad, pero con toda infinidad. Ese moebius de penas que se ve nublado como mi ciudad ésta tarde. El sol que no se pone y la luna que no sale, los vientos que soplan fríos y la llegada de un otoño que nos confunde el porvenir.
Mis dedos tocan en un teclado palabras que en código morse emanan amor que jamás llega a tu oído. Mis códigos en braile no llegan a tus ojos y tu mirada nunca se posó en ésta mariposa que en mi pecho revolotea. Ya no se si me escribo a mí, o a cual de las voces le estoy dedicando éste mensaje. Hoy me siento más cerca de la luna, más cerca de San Juan, más arraigado al sur y bailando por doquier. Mis silbidos me llevan a volar y mi poca paz me hace pensar que en economía uno siempre quiebra para volver a quebrar. El sonido de monedas que caen hasta la alcantarilla y en medio de todo el caos mental y la verborrágica mala confesión se ve una violeta que crece entre el hormigón -como en esa vieja canción que escuchamos alguna vez juntos-.
De olvidos y desesperanzas.
Mis dedos tocan en un teclado palabras que en código morse emanan amor que jamás llega a tu oído. Mis códigos en braile no llegan a tus ojos y tu mirada nunca se posó en ésta mariposa que en mi pecho revolotea. Ya no se si me escribo a mí, o a cual de las voces le estoy dedicando éste mensaje. Hoy me siento más cerca de la luna, más cerca de San Juan, más arraigado al sur y bailando por doquier. Mis silbidos me llevan a volar y mi poca paz me hace pensar que en economía uno siempre quiebra para volver a quebrar. El sonido de monedas que caen hasta la alcantarilla y en medio de todo el caos mental y la verborrágica mala confesión se ve una violeta que crece entre el hormigón -como en esa vieja canción que escuchamos alguna vez juntos-.
De olvidos y desesperanzas.
20.3.09
Una mentira grande como la casa más grande. Una frase célebre, un hit para todas las remeras, todos los hippies y todas las oraciones prefabricadas del mundo. Una idea para tarjetas de Navidad, filosofías de vida y cartas con o sin remitente.
Cuatro muchachitos le volaron la tapa de los sesos al mundo, un día. Mi organismo aún no tenía la cantidad de células necesarias para verlo, oírlo y sentirlo. Apenas recibió, muchos años después, los relatos de unos padres que lo apreciaron débilmente desde la distancia.
Y lo cierto es que en muchos momentos de nuestras vidas nos convencimos de que era cierto. Y es que lo es, hasta el día en que alguna cosa te patea la boca y te empieza a sangrar.
Mis ancestros más olvidados podrían venir a contarme otra historia. Y, digo la verdad, me encantaría creer todas y cada una de ellas. Que si prendo un incienso voy a estar bien. Que si cierro los ojos y no cruzo los brazos voy a estar bien. Que si lo dejo ir, si me trago la pastilla, si me dejo llevar y soy una niña de nuevo, voy a estar bien.
Mentira. Mentira el aura. Mentira ellos cuatro y la frase de tarjetita cool. Mentira que solo necesito eso.
A esta altura, con tanta ceguera en la mochila y tantas negligencias morbosas, lejos estoy de necesitar una sola cosa. Necesito papeles que den números que tengan la suerte de caer dentro de los valores esperados. Necesito recobrar el sentido de la voluntad. Necesito células nuevas, o que se recuperen las viejas. Necesito llegar a tal grado de conciencia en que pueda aceptar que no van a salvarme la vida.
Nadie va a salvarme la vida.
Soy parte irrevocable de una minoría, de mil minorías. Soy parte de un ejército despiadado que acaba consigo mismo porque jamás llega a encontrar la vuelta. Soy parte de unas estadísticas que me colocan en el lugar privilegiado de la gente enferma, aparte de la que está bien. Soy parte de la gente que necesita darse cuenta que tiene que empezar a luchar y a decir más cosas. A abrir la boca, a apretar los dientes.
Para eso, aunque parezca mentira, tendría que dejar de creerles. Y ya estoy empezando por darme cuenta que cierta cosas no son verdad.
No sé vos, no sé ustedes, no sé aquellos. Pero yo, con este pronóstico, estoy necesitando something else than love.
Perdón Beatles.
Times are changing.
Cuatro muchachitos le volaron la tapa de los sesos al mundo, un día. Mi organismo aún no tenía la cantidad de células necesarias para verlo, oírlo y sentirlo. Apenas recibió, muchos años después, los relatos de unos padres que lo apreciaron débilmente desde la distancia.
Y lo cierto es que en muchos momentos de nuestras vidas nos convencimos de que era cierto. Y es que lo es, hasta el día en que alguna cosa te patea la boca y te empieza a sangrar.
Mis ancestros más olvidados podrían venir a contarme otra historia. Y, digo la verdad, me encantaría creer todas y cada una de ellas. Que si prendo un incienso voy a estar bien. Que si cierro los ojos y no cruzo los brazos voy a estar bien. Que si lo dejo ir, si me trago la pastilla, si me dejo llevar y soy una niña de nuevo, voy a estar bien.
Mentira. Mentira el aura. Mentira ellos cuatro y la frase de tarjetita cool. Mentira que solo necesito eso.
A esta altura, con tanta ceguera en la mochila y tantas negligencias morbosas, lejos estoy de necesitar una sola cosa. Necesito papeles que den números que tengan la suerte de caer dentro de los valores esperados. Necesito recobrar el sentido de la voluntad. Necesito células nuevas, o que se recuperen las viejas. Necesito llegar a tal grado de conciencia en que pueda aceptar que no van a salvarme la vida.
Nadie va a salvarme la vida.
Soy parte irrevocable de una minoría, de mil minorías. Soy parte de un ejército despiadado que acaba consigo mismo porque jamás llega a encontrar la vuelta. Soy parte de unas estadísticas que me colocan en el lugar privilegiado de la gente enferma, aparte de la que está bien. Soy parte de la gente que necesita darse cuenta que tiene que empezar a luchar y a decir más cosas. A abrir la boca, a apretar los dientes.
Para eso, aunque parezca mentira, tendría que dejar de creerles. Y ya estoy empezando por darme cuenta que cierta cosas no son verdad.
No sé vos, no sé ustedes, no sé aquellos. Pero yo, con este pronóstico, estoy necesitando something else than love.
Perdón Beatles.
Times are changing.
15.3.09
La suma de todos los borradores que nunca publiqué. Las publicaciones son sencillas cuando sólo se trata de apretar un botón -tan fácil como estallar el mundo en plena Guerra Fría- muy sencillas. Las horas cambian y los vientos soplan fuertes. Las basuritas se meten en los ojos de la gente que va desabrigada por la calle: la estación está cambiando. El tren del mundo no para de girar y el tiempo sigue de viaje a las corridas, siempre a punto de perderse. Las cajas se rompen siempre en el mismo lugar. Las ganas siempre aparecen con el mismo violeta y el sol asoma con la misma lucidez de los maestros, que aparecen cada tanto como señales en un camino lleno de escombros. Por el camino van los caminantes, sólo algunos se atreven porque los demás están parados a la espera de algún aviso que los lleve. Son pocos los que siguen continuándo. No esperan nada sino que tienen la magia en sí.
Esperando que gire el balón del mundo. Esperando que cambie el día. Agradeciendo que en Escandinavia hay 6 meses de luz y 6 de sombra, pero que aquí cambia todo todo el tiempo. Agradecidos de amistades y planetas reales, agradecidos de infringir la ley con la facilidad de los turcos.
No me importan tus copetes y tus incoherencias. Sabemos que las antinomias son males que no pueden gambetearse por ningún vereda. Tu blanco o colorado/negro, tu anti o pro. Qué lástima me da tu arrogancia. Que pena. Tanta tristeza me da esas fotos que sacás sin darte cuenta que fuera del 10 x 5 queda un mundo fuera. Maldito idiota.
Temporada de intertextualidades. De contar cuestiones de la realidad, como la misma ciclotimia de la ciudad, con imágenes pasadas hace dosmilocho años atrás.Pero vamos a escaparle y vamos a ir más allá. Vamos a intentar entrar en tu cabeza. Tan confusa detrás del rubio de tu pelo que deja entrever poco y entreverar muchísimo. Me pregunto si la intertextualidad con el señor Dante será un pecado distinto, el pensar que la palabra que decís se escribe con b corta o v larga. Mal purgatorio, mal infierno, mal hoyo que va derritiéndose debajo de las alcantarillas donde ya no quedan tortugas de la infancia ni ratas karatecas. No hay mas Dizzy ni Disi. Borrador para ser normal y demostrar que nada va.
Son tan pero tan pocos. Diez estiradas, un coso que hace clanc, un sombrero que saluda, dos que se llaman como yo, un bombo, unas maderitas con una bolita en el final, dos o tres parlantes. Aunque con las diez estiradas y un aplauso, un chisteo y una linda toma de energía andan como loco.
-El problema es el planeta Tierra- se le escuchó decir de tardecita en un patio de casa vieja. Cuánta verdad para tan poca yerba. Estamos inmersos en una cuenta regresiva que despierta una nueva competencia de maratón. Hay varios interesados corriendo un conejo gordo y chancho, un chancho saltarín, deforme, largo y habitable.
Y como cada pensamiento poco lúcido se ve alienado por un sistema de terror y pecados, cada...Y como el universo se está expandiendo, algún día uno dijo que en verdad es porque si ves que todo va al revés seguro que todo salió de algún punto, el mismo. Una explosión de energía. ¿Qué hilos manejan la energía? ¿Quién es el titiritero de los pensamientos libres? ¿O no será otro tipo de alienación pensante la que sufrimos?No la sufren los iluminados únicamente, pero hay algunos que pueden darse cuenta que sonrisas entre dientes y pelos mojados al salir del mar son momentos únicos alguna vez, quizás sin pensarlo igual, pero qué lindo. Pero son instantes, son recuerdos, son momentos.Porque sería lógico que si a cada ceguera hay un sol enchapado de plata y oro detrás de la puerta, detrás de esta puerta tiene que haber también alguien manejando un timón. Un titiritero blanco que va saltando de alegría y enseñando a hacerlo mejor. Porque sí, hay un mejor.
No me reconozco en el tiempo. No me reconozco borrando los rastros de maquillaje. No me reconozco en el suicidio al darme cuenta que una marioneta se muere por enterarse de sus hilos. No me reconozco titiritero ni guitarrista. No me reconozco en mis propias rimas. No me reconozco más, ¿será que está cambiando la cuestión? He aquí la suma de borradores que nunca publiqué. A ver si me ayudan para llegar a la respuesta al final del camino.
Suma.
Esperando que gire el balón del mundo. Esperando que cambie el día. Agradeciendo que en Escandinavia hay 6 meses de luz y 6 de sombra, pero que aquí cambia todo todo el tiempo. Agradecidos de amistades y planetas reales, agradecidos de infringir la ley con la facilidad de los turcos.
No me importan tus copetes y tus incoherencias. Sabemos que las antinomias son males que no pueden gambetearse por ningún vereda. Tu blanco o colorado/negro, tu anti o pro. Qué lástima me da tu arrogancia. Que pena. Tanta tristeza me da esas fotos que sacás sin darte cuenta que fuera del 10 x 5 queda un mundo fuera. Maldito idiota.
Temporada de intertextualidades. De contar cuestiones de la realidad, como la misma ciclotimia de la ciudad, con imágenes pasadas hace dosmilocho años atrás.Pero vamos a escaparle y vamos a ir más allá. Vamos a intentar entrar en tu cabeza. Tan confusa detrás del rubio de tu pelo que deja entrever poco y entreverar muchísimo. Me pregunto si la intertextualidad con el señor Dante será un pecado distinto, el pensar que la palabra que decís se escribe con b corta o v larga. Mal purgatorio, mal infierno, mal hoyo que va derritiéndose debajo de las alcantarillas donde ya no quedan tortugas de la infancia ni ratas karatecas. No hay mas Dizzy ni Disi. Borrador para ser normal y demostrar que nada va.
Son tan pero tan pocos. Diez estiradas, un coso que hace clanc, un sombrero que saluda, dos que se llaman como yo, un bombo, unas maderitas con una bolita en el final, dos o tres parlantes. Aunque con las diez estiradas y un aplauso, un chisteo y una linda toma de energía andan como loco.
-El problema es el planeta Tierra- se le escuchó decir de tardecita en un patio de casa vieja. Cuánta verdad para tan poca yerba. Estamos inmersos en una cuenta regresiva que despierta una nueva competencia de maratón. Hay varios interesados corriendo un conejo gordo y chancho, un chancho saltarín, deforme, largo y habitable.
Y como cada pensamiento poco lúcido se ve alienado por un sistema de terror y pecados, cada...Y como el universo se está expandiendo, algún día uno dijo que en verdad es porque si ves que todo va al revés seguro que todo salió de algún punto, el mismo. Una explosión de energía. ¿Qué hilos manejan la energía? ¿Quién es el titiritero de los pensamientos libres? ¿O no será otro tipo de alienación pensante la que sufrimos?No la sufren los iluminados únicamente, pero hay algunos que pueden darse cuenta que sonrisas entre dientes y pelos mojados al salir del mar son momentos únicos alguna vez, quizás sin pensarlo igual, pero qué lindo. Pero son instantes, son recuerdos, son momentos.Porque sería lógico que si a cada ceguera hay un sol enchapado de plata y oro detrás de la puerta, detrás de esta puerta tiene que haber también alguien manejando un timón. Un titiritero blanco que va saltando de alegría y enseñando a hacerlo mejor. Porque sí, hay un mejor.
No me reconozco en el tiempo. No me reconozco borrando los rastros de maquillaje. No me reconozco en el suicidio al darme cuenta que una marioneta se muere por enterarse de sus hilos. No me reconozco titiritero ni guitarrista. No me reconozco en mis propias rimas. No me reconozco más, ¿será que está cambiando la cuestión? He aquí la suma de borradores que nunca publiqué. A ver si me ayudan para llegar a la respuesta al final del camino.
Suma.
23.2.09
No puedo soportar siquiera la idea de que vaya a pasarme. De ser yo, Pedro Mendeslopez, el elegido, el hombre de turno, el blanco al que apunta un dedo mayor. No sé cómo haría, como lidiaría con la irremediable fortuna de ser libre.
Quizás llamaría a mi mujer y le gritaría al oído que me he vuelto loco y sueño despierto. Ella entonces correría a lo de su madre a contarle que su marido está loco, que la oficina terminó de arruinarle por completo la cabeza. Mi suegra, entonces, con una mano fina y delicada, sólo con los destrozos que causa el ininterrumpido ejercicio del frivolité, se taparía parcialmente los labios, que forman una perfecta letra O de asombro.
Más que por esa cadena de sucesos asegurados, el miedo me nace desde adentro por lo que yo mismo podría llegar a causarme. Porque me quedaría helado, porque me acometería un repentino ataque de pánico, unas necesarias ganas de mearme en los pantalones, de tirarme de los pelos, de saltar por la ventana o, mejor aún, esconderme debajo del escritorio.
Sería terrible, terrible. No me es posible concebir tal cambio, tal suceso, tal resplandor y la posterior ceguera. Tendría que aprender a decidir, tendría que lidiar con la condición de no estar más colgado de la cuerda de la ropa, ésta cuerda, y mirar cómo los palillos yacen sencillamente sin sentido, tirados en la azotea. Y allí, con los pies en el suelo, sería consciente de todas mis neuronas transmitiendo miles de impulsos en mi cuerpo, de mi sistema nervioso esperando las órdenes de mi cerebro, una maquinaria recién aceitada para andar. ¿Qué haría si me hallara, sin más, capitán de mi propio barco? Si adelante solamente se vislumbrara la posibilidad de estar sólo contra mi vida, sólo con mis decisiones, mis opiniones, mis actitudes. Si nadie más viniera a mi casa a venderme una religión, a imponerme un trabajo, a casarme con una mujer linda y sin personalidad, a pedirme que vote bien y que me comporte.
Qué pasaría... ¿Qué alas debería visualizar para estar cerca de esa sensación tan grandiosa, tan brillante, tan peligrosa, que es ser libre y ya?
Por eso, por eso mismo, no puedo soportarlo. Me engancho a la cuerda tranquilo de que no quieren soltarme, entonces sé que no caeré. Vuelvo a casa cada día y me bajo del auto tranquilo, porque sé que la mujer que me espera no tiene más que un plato de comida y comentarios sin sentido, pero está. Me acuesto tranquilo, luego de ver televisión en paz, porque sé que al otro día habrá invisibles hombres que se tomen el tremendo trabajo de decidir por mí cada paso, mis conveniencias, mis opiniones, mis papeletas.
Rezo para que Dios no permita, que no tenga la mala intención de hacerlo, que jamás se le ocurra abrirme los ojos.
El monstruo que todos tenemos, ése que vos escondés, hundiéndose en tu lago Ness.
Quizás llamaría a mi mujer y le gritaría al oído que me he vuelto loco y sueño despierto. Ella entonces correría a lo de su madre a contarle que su marido está loco, que la oficina terminó de arruinarle por completo la cabeza. Mi suegra, entonces, con una mano fina y delicada, sólo con los destrozos que causa el ininterrumpido ejercicio del frivolité, se taparía parcialmente los labios, que forman una perfecta letra O de asombro.
Más que por esa cadena de sucesos asegurados, el miedo me nace desde adentro por lo que yo mismo podría llegar a causarme. Porque me quedaría helado, porque me acometería un repentino ataque de pánico, unas necesarias ganas de mearme en los pantalones, de tirarme de los pelos, de saltar por la ventana o, mejor aún, esconderme debajo del escritorio.
Sería terrible, terrible. No me es posible concebir tal cambio, tal suceso, tal resplandor y la posterior ceguera. Tendría que aprender a decidir, tendría que lidiar con la condición de no estar más colgado de la cuerda de la ropa, ésta cuerda, y mirar cómo los palillos yacen sencillamente sin sentido, tirados en la azotea. Y allí, con los pies en el suelo, sería consciente de todas mis neuronas transmitiendo miles de impulsos en mi cuerpo, de mi sistema nervioso esperando las órdenes de mi cerebro, una maquinaria recién aceitada para andar. ¿Qué haría si me hallara, sin más, capitán de mi propio barco? Si adelante solamente se vislumbrara la posibilidad de estar sólo contra mi vida, sólo con mis decisiones, mis opiniones, mis actitudes. Si nadie más viniera a mi casa a venderme una religión, a imponerme un trabajo, a casarme con una mujer linda y sin personalidad, a pedirme que vote bien y que me comporte.
Qué pasaría... ¿Qué alas debería visualizar para estar cerca de esa sensación tan grandiosa, tan brillante, tan peligrosa, que es ser libre y ya?
Por eso, por eso mismo, no puedo soportarlo. Me engancho a la cuerda tranquilo de que no quieren soltarme, entonces sé que no caeré. Vuelvo a casa cada día y me bajo del auto tranquilo, porque sé que la mujer que me espera no tiene más que un plato de comida y comentarios sin sentido, pero está. Me acuesto tranquilo, luego de ver televisión en paz, porque sé que al otro día habrá invisibles hombres que se tomen el tremendo trabajo de decidir por mí cada paso, mis conveniencias, mis opiniones, mis papeletas.
Rezo para que Dios no permita, que no tenga la mala intención de hacerlo, que jamás se le ocurra abrirme los ojos.
El monstruo que todos tenemos, ése que vos escondés, hundiéndose en tu lago Ness.
18.2.09
Como un perro que espera que le lancen la bola, o la rama, lo que más a gusto le entre en su boquita negra y salivada. Con los mismos ojos estaba mirando el horizonte preguntándose si iba a escuchar en los 90 minutos que restaban la palabra de tres letras. Esa palabra que a cualquier amateur le daría vergüenza, pero que a los ya experimentados los llena de bravura y de ternura de ésa que te hace entrecerrar los ojos. (Igualmente al horizonte nunca le gustaron sus letras ni lanzarle la bola o la rama, pero ahí estaba el perro sin moverse)
Pelaje marrón y lacio y una cara virgen, rogando por esas tres palabras. El horizonte con un mar verde que se rompe en el pasto. Las tres letras en el cielo sobrevolando las edificaciones que de película se dibujan y construyen en otro lado. Las tres letras suspirando, entremezclándose y formando nuevas palabras. Trenzándose en el aire y generando un nuevo porvenir.
Con esos mismos ojos de perro anhela escuchar tres letras para no tener que escapar como Nerón a morir a una tierra lejana. Por más de que sea hermoso el vagabundeo y la muerte como punto final, en éstos últimos segundos, el perro sigue esperando que le lancen esa bola de tres letras.
Con la noche, se da por vencido y se vuelve en el camino contrario de su cucha para morir en soledad bajo alguna estrella roja.
El perro.
Pelaje marrón y lacio y una cara virgen, rogando por esas tres palabras. El horizonte con un mar verde que se rompe en el pasto. Las tres letras en el cielo sobrevolando las edificaciones que de película se dibujan y construyen en otro lado. Las tres letras suspirando, entremezclándose y formando nuevas palabras. Trenzándose en el aire y generando un nuevo porvenir.
Con esos mismos ojos de perro anhela escuchar tres letras para no tener que escapar como Nerón a morir a una tierra lejana. Por más de que sea hermoso el vagabundeo y la muerte como punto final, en éstos últimos segundos, el perro sigue esperando que le lancen esa bola de tres letras.
Con la noche, se da por vencido y se vuelve en el camino contrario de su cucha para morir en soledad bajo alguna estrella roja.
El perro.
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