Si pasará o no lo que auguran los que saben, no lo sé. A pesar de estar tan lejos del punto donde empecé, a veces me gusta mirar para atrás. Y como no se puede mirar sin ser, voltear la cabeza sin retroceder, me contamino un poco de lo que era ante. Y cuestiono, busco desesperadamente lo empírico. Hace poco tiempo, como parte de un halago maravilloso que me colmó el alma, alguien tuvo la amabilidad de decirme que antes buscaba excusas y ahora busco repuestas. Y a mí me pareció genial. Porque ya sé de sobra que la excusa es para el que no se atreve a vivir.
Otro día distinto hablamos de planetas. Y, sin dudas, me acordé de liberaciones y de pueblos. Me acordé de la calidez de un pueblo que aquí perdí por completo. A pesar de los daños causados, yo me acordé de haber estado cuando ese pueblo salió a la Luz. Literalmente.
Y entre planetas, dioses y fantasmas te veo pasar, deambulando como queriendo parar en medio de un viaje. Los colores, las formas difusas que quiero adivinar pero sólo imagino. Ya me acostumbré a que el tiempo tenga una velocidad independiente a la que yo deseo. Por eso, y mirando de reojo un almanaque en el corazón, recuerdo que falta poco más de dos años. Quiero creer, pero no sé si no estaré mirando para atrás demasiado. Entonces, la verdad es que no hay método científico que compruebe que vas a estar ahí el veinticinco del once del dos mil once.
Mi última chance, y la única posible en realidad, es derrumbarme del todo, desarmar por completo las estructuras que me crean, y dejar simplemente el sentido amoroso, la capacidad innata y viva, de reconocer lo que me complementa, fiel suceso que nos vuelve seres maravillosos.
I climbed across the mountain tops.
14.11.09
13.11.09
Y llegué quizás a ese Edén de madera y café. A esa esquina de grano marrón donde contarle a nadie y a todos cada profundo lamento. Es mi arroyo en la ciudad, son los pasos malos en San Telmo. Es la nueva manera de teclear. El clima está europeo. Los ojos de mi sentimiento ven otras cien estrellas en el cielo. La inercia es tu manera de seguir, pero las hamacas se detienen en algun momento. Alguien se cansa de empujar la hamaca y por reflejo se detiene. Porque el mundo no vive en Firmat y porque todo se termina terminando. Esto que vivo hoy se parece a esa estrella muerta que sigue brillando. Lo que hay entre los dos es brillo de estrellas que murió hace muchas décadas atrás. Falta asincerarse y que aparezca un científico saber a decirnos que en lo cíclico de las cosas, esto ya le pasó a algún comensal. No vale la pena que muramos atragantados
¿Acaso la especie nunca comprendió que hasta la bola con más pique deja de rebotar?
Estás en el otro estremo del lugar. Inspirando el movimiento de mi mano. Tus ojos tras los vidrios y tu remera de la metrópolis. Sin slogan, tu cuerpo es un mensaje. ¿Cómo llego a que me cuentes? No quiero bailar más solo, si nunca supe bailar. Lo mío es caminar, lo sincero siempre es poesía.
La tinta negra sobre el blanco me ve solo. Yo no sé quien organiza esta desorganización, no sé quien paga la cuenta en este lugar. Huele a café cada calle, en cada recoveco crece una planta y se enrosca en un farol. Mirala subir y su deseo verde de llegar al cielo. Sé ese deseo, respira el oxígeno que sale de esa planta, ese aire de esperanza.
Yo no sé quien marcó el rumbo de la táctica. Hoy soy de mil lugares, soy un non que va por acá, por los caminos y ya nadie saluda por verme crecer. Nadie sonríe porque me vio leer. Lecciones de otra época y otra edad.
Hoy citadino e inesperado soy charlado por anónimos. Soy un muerto vivo más en una ciudad que chupa sangres bajo el cielo azul.
Saint Elmo.
¿Acaso la especie nunca comprendió que hasta la bola con más pique deja de rebotar?
Estás en el otro estremo del lugar. Inspirando el movimiento de mi mano. Tus ojos tras los vidrios y tu remera de la metrópolis. Sin slogan, tu cuerpo es un mensaje. ¿Cómo llego a que me cuentes? No quiero bailar más solo, si nunca supe bailar. Lo mío es caminar, lo sincero siempre es poesía.
La tinta negra sobre el blanco me ve solo. Yo no sé quien organiza esta desorganización, no sé quien paga la cuenta en este lugar. Huele a café cada calle, en cada recoveco crece una planta y se enrosca en un farol. Mirala subir y su deseo verde de llegar al cielo. Sé ese deseo, respira el oxígeno que sale de esa planta, ese aire de esperanza.
Yo no sé quien marcó el rumbo de la táctica. Hoy soy de mil lugares, soy un non que va por acá, por los caminos y ya nadie saluda por verme crecer. Nadie sonríe porque me vio leer. Lecciones de otra época y otra edad.
Hoy citadino e inesperado soy charlado por anónimos. Soy un muerto vivo más en una ciudad que chupa sangres bajo el cielo azul.
Saint Elmo.
10.9.09
No existe la casualidad, sólo existen los sucesos. Depende qué color elijas en un paleta de pintor, la tonalidad que tomen. Porque lo sucesos se parecen mucho a una imagen para colorear. Uno de esos mandala, universos creados, en blanco y negro, para pintar adentro.
Casualidad es cuando preferís creer, pintar, que las puntas de una línea de arbitrariedad se tocaron por un segundo, formando un círculo perfecto.
Causalidad es cuando aceptás que en algún momento, lo recuerdes o no, ahora o antes de nacer la memoria, tus intenciones manifiestas resultaron en hacer que esas dos puntas se toquen, dejando de ser azarosas y pasando a hacer el dibujo mismo de la causa y efecto.
Así, de verdad, es como se vuelve perfecto al camino recorrido. Tenías razón, y ahora comprendí. El destino sigue siendo el mismo, destino Instrucciones, sólo que yo ya gané acceso permanente. Se convirtió en mi casa, mi escuela, el lugar donde me esperan. Entro vacía y me voy con cargas pesadísimas, que son ovillos infinitos de lana que procedo a desenredar lentamente. Cuando desato el último nudo, y con ellos comprendo, es la felicidad el único sentimiento posible.
Nada es igual. Nunca va a volver a serlo. Una vez que cruzás, cuando te rendís ante lo nuevo como hombre de guerra cansado de luchar contra sí mismo, el cambio es tan radical, tan notorio, que ni siquiera recordás quién eras antes.
Antes yo tenía fantasmas recorriéndome la cara. Antes no sabía qué hacer, para qué y cómo.
Ahora tengo dos cosas: Luz y misión.
Kuntur: el vuelo del cóndor.
Casualidad es cuando preferís creer, pintar, que las puntas de una línea de arbitrariedad se tocaron por un segundo, formando un círculo perfecto.
Causalidad es cuando aceptás que en algún momento, lo recuerdes o no, ahora o antes de nacer la memoria, tus intenciones manifiestas resultaron en hacer que esas dos puntas se toquen, dejando de ser azarosas y pasando a hacer el dibujo mismo de la causa y efecto.
Así, de verdad, es como se vuelve perfecto al camino recorrido. Tenías razón, y ahora comprendí. El destino sigue siendo el mismo, destino Instrucciones, sólo que yo ya gané acceso permanente. Se convirtió en mi casa, mi escuela, el lugar donde me esperan. Entro vacía y me voy con cargas pesadísimas, que son ovillos infinitos de lana que procedo a desenredar lentamente. Cuando desato el último nudo, y con ellos comprendo, es la felicidad el único sentimiento posible.
Nada es igual. Nunca va a volver a serlo. Una vez que cruzás, cuando te rendís ante lo nuevo como hombre de guerra cansado de luchar contra sí mismo, el cambio es tan radical, tan notorio, que ni siquiera recordás quién eras antes.
Antes yo tenía fantasmas recorriéndome la cara. Antes no sabía qué hacer, para qué y cómo.
Ahora tengo dos cosas: Luz y misión.
Kuntur: el vuelo del cóndor.
15.5.09
Finalmente, después de tanto tanto tiempo, fui. Nada que ver con lo voluntario: simplemente el curso de la historia, quizás algo que pueda llamarse destino. Estuvimos en algún momento pensando en esa otra dimensión, en cómo llegar. El amarillo te deja ahí pero no hay forma de pararlo estirando el brazo. Será un episodio, algún punto de inflexión en el que cierres los ojos, y al volver abrirlos estás sentado en un asiento, mirando por la ventana cómo pasan lucecitas amarillas por la avenida.Entonces comienza el viaje: empezar a preguntarte, y entonces darte cuenta, de que no sos la misma persona. Que ciertas cosas te pasaron, que ciertas cosas te volvieron distinta cosa de lo que eras, que tenés nuevas opciones obligatorias. Está develado el misterio, yo fui y lo vi. Es un lugar indescriptible, es nada más que un vacío donde uno queda suspendido, y allí todo es tan perfecto que los pensamientos fluyen como corrientes de electrones. Entran y salen, son voces hablando de miles de cosas. En Instrucciones conocí los ingredientes que me faltaban para completarme, para terminar de caer. Supe de la soledad a pesar de tener gente al lado, supe de la decepción, supe del sentirse incomprendido, supe de no encontrar una mano cuando te tropieces y caigas, y te duela una rodilla. Y en esa otra dimensión de entendimiento, supe de la reconstrucción como herramienta para renacer. Me dijeron, las voces nuevas que contengo, que de tripas corazón y más, más adelante encontrarse. Solamente así. Como desprenderse, como dejar una rama de un árbol para volar y aterrizar en otro lado.Fui a Instrucciones. Me llevaron. Me arrastraron furiosamente sin poder parar. Me dieron contra el piso, me lastimaron alguna parte del cuerpo que sangró un rato. Pero ya está hecho. Se termina la historia de quien soñaba con ver más allá, con subirse, con ir y entender. Yo ya entendí.A otras dimensiones me dirijo en breve, en busca de lo que me falte. Estamos continuamente cerrando círculos para empezar otros. Y al fin de cada uno, cuenta alguna voz de entre la gente, hay una pequeña carta de despedida. Carta triste, dolorida, profundamente dolorida. Pero asegura, al final de ella, que los nuevos caminos prometen luces de todo tipo iluminando la historia de un simple ser humano.
Así será.
Aurevoir.
Así será.
Aurevoir.
11.5.09
¿Y si un día de golpe al volver me diera cuenta que cambiaste la contraseña de la puerta? ¿Si me diera cuenta en plena agonía, en plena caída, que cambio cada letra de tu cerradura y que mi llave no funciona más? Hay cerrajerías que funcionan 24 horas, pero a veces el auxilio se ve lejano. El campo no guarda grandes urbes y las cerrajerías no guardan soluciones. Y en una escena llena de picaportes es obvio que no hay ni herreros ni cuchillos de palo, ni silencios ni soluciones a esta puerta que no se abre. Esa horrenda sensación sin continuidad, pero con toda infinidad. Ese moebius de penas que se ve nublado como mi ciudad ésta tarde. El sol que no se pone y la luna que no sale, los vientos que soplan fríos y la llegada de un otoño que nos confunde el porvenir.
Mis dedos tocan en un teclado palabras que en código morse emanan amor que jamás llega a tu oído. Mis códigos en braile no llegan a tus ojos y tu mirada nunca se posó en ésta mariposa que en mi pecho revolotea. Ya no se si me escribo a mí, o a cual de las voces le estoy dedicando éste mensaje. Hoy me siento más cerca de la luna, más cerca de San Juan, más arraigado al sur y bailando por doquier. Mis silbidos me llevan a volar y mi poca paz me hace pensar que en economía uno siempre quiebra para volver a quebrar. El sonido de monedas que caen hasta la alcantarilla y en medio de todo el caos mental y la verborrágica mala confesión se ve una violeta que crece entre el hormigón -como en esa vieja canción que escuchamos alguna vez juntos-.
De olvidos y desesperanzas.
Mis dedos tocan en un teclado palabras que en código morse emanan amor que jamás llega a tu oído. Mis códigos en braile no llegan a tus ojos y tu mirada nunca se posó en ésta mariposa que en mi pecho revolotea. Ya no se si me escribo a mí, o a cual de las voces le estoy dedicando éste mensaje. Hoy me siento más cerca de la luna, más cerca de San Juan, más arraigado al sur y bailando por doquier. Mis silbidos me llevan a volar y mi poca paz me hace pensar que en economía uno siempre quiebra para volver a quebrar. El sonido de monedas que caen hasta la alcantarilla y en medio de todo el caos mental y la verborrágica mala confesión se ve una violeta que crece entre el hormigón -como en esa vieja canción que escuchamos alguna vez juntos-.
De olvidos y desesperanzas.
20.3.09
Una mentira grande como la casa más grande. Una frase célebre, un hit para todas las remeras, todos los hippies y todas las oraciones prefabricadas del mundo. Una idea para tarjetas de Navidad, filosofías de vida y cartas con o sin remitente.
Cuatro muchachitos le volaron la tapa de los sesos al mundo, un día. Mi organismo aún no tenía la cantidad de células necesarias para verlo, oírlo y sentirlo. Apenas recibió, muchos años después, los relatos de unos padres que lo apreciaron débilmente desde la distancia.
Y lo cierto es que en muchos momentos de nuestras vidas nos convencimos de que era cierto. Y es que lo es, hasta el día en que alguna cosa te patea la boca y te empieza a sangrar.
Mis ancestros más olvidados podrían venir a contarme otra historia. Y, digo la verdad, me encantaría creer todas y cada una de ellas. Que si prendo un incienso voy a estar bien. Que si cierro los ojos y no cruzo los brazos voy a estar bien. Que si lo dejo ir, si me trago la pastilla, si me dejo llevar y soy una niña de nuevo, voy a estar bien.
Mentira. Mentira el aura. Mentira ellos cuatro y la frase de tarjetita cool. Mentira que solo necesito eso.
A esta altura, con tanta ceguera en la mochila y tantas negligencias morbosas, lejos estoy de necesitar una sola cosa. Necesito papeles que den números que tengan la suerte de caer dentro de los valores esperados. Necesito recobrar el sentido de la voluntad. Necesito células nuevas, o que se recuperen las viejas. Necesito llegar a tal grado de conciencia en que pueda aceptar que no van a salvarme la vida.
Nadie va a salvarme la vida.
Soy parte irrevocable de una minoría, de mil minorías. Soy parte de un ejército despiadado que acaba consigo mismo porque jamás llega a encontrar la vuelta. Soy parte de unas estadísticas que me colocan en el lugar privilegiado de la gente enferma, aparte de la que está bien. Soy parte de la gente que necesita darse cuenta que tiene que empezar a luchar y a decir más cosas. A abrir la boca, a apretar los dientes.
Para eso, aunque parezca mentira, tendría que dejar de creerles. Y ya estoy empezando por darme cuenta que cierta cosas no son verdad.
No sé vos, no sé ustedes, no sé aquellos. Pero yo, con este pronóstico, estoy necesitando something else than love.
Perdón Beatles.
Times are changing.
Cuatro muchachitos le volaron la tapa de los sesos al mundo, un día. Mi organismo aún no tenía la cantidad de células necesarias para verlo, oírlo y sentirlo. Apenas recibió, muchos años después, los relatos de unos padres que lo apreciaron débilmente desde la distancia.
Y lo cierto es que en muchos momentos de nuestras vidas nos convencimos de que era cierto. Y es que lo es, hasta el día en que alguna cosa te patea la boca y te empieza a sangrar.
Mis ancestros más olvidados podrían venir a contarme otra historia. Y, digo la verdad, me encantaría creer todas y cada una de ellas. Que si prendo un incienso voy a estar bien. Que si cierro los ojos y no cruzo los brazos voy a estar bien. Que si lo dejo ir, si me trago la pastilla, si me dejo llevar y soy una niña de nuevo, voy a estar bien.
Mentira. Mentira el aura. Mentira ellos cuatro y la frase de tarjetita cool. Mentira que solo necesito eso.
A esta altura, con tanta ceguera en la mochila y tantas negligencias morbosas, lejos estoy de necesitar una sola cosa. Necesito papeles que den números que tengan la suerte de caer dentro de los valores esperados. Necesito recobrar el sentido de la voluntad. Necesito células nuevas, o que se recuperen las viejas. Necesito llegar a tal grado de conciencia en que pueda aceptar que no van a salvarme la vida.
Nadie va a salvarme la vida.
Soy parte irrevocable de una minoría, de mil minorías. Soy parte de un ejército despiadado que acaba consigo mismo porque jamás llega a encontrar la vuelta. Soy parte de unas estadísticas que me colocan en el lugar privilegiado de la gente enferma, aparte de la que está bien. Soy parte de la gente que necesita darse cuenta que tiene que empezar a luchar y a decir más cosas. A abrir la boca, a apretar los dientes.
Para eso, aunque parezca mentira, tendría que dejar de creerles. Y ya estoy empezando por darme cuenta que cierta cosas no son verdad.
No sé vos, no sé ustedes, no sé aquellos. Pero yo, con este pronóstico, estoy necesitando something else than love.
Perdón Beatles.
Times are changing.
15.3.09
La suma de todos los borradores que nunca publiqué. Las publicaciones son sencillas cuando sólo se trata de apretar un botón -tan fácil como estallar el mundo en plena Guerra Fría- muy sencillas. Las horas cambian y los vientos soplan fuertes. Las basuritas se meten en los ojos de la gente que va desabrigada por la calle: la estación está cambiando. El tren del mundo no para de girar y el tiempo sigue de viaje a las corridas, siempre a punto de perderse. Las cajas se rompen siempre en el mismo lugar. Las ganas siempre aparecen con el mismo violeta y el sol asoma con la misma lucidez de los maestros, que aparecen cada tanto como señales en un camino lleno de escombros. Por el camino van los caminantes, sólo algunos se atreven porque los demás están parados a la espera de algún aviso que los lleve. Son pocos los que siguen continuándo. No esperan nada sino que tienen la magia en sí.
Esperando que gire el balón del mundo. Esperando que cambie el día. Agradeciendo que en Escandinavia hay 6 meses de luz y 6 de sombra, pero que aquí cambia todo todo el tiempo. Agradecidos de amistades y planetas reales, agradecidos de infringir la ley con la facilidad de los turcos.
No me importan tus copetes y tus incoherencias. Sabemos que las antinomias son males que no pueden gambetearse por ningún vereda. Tu blanco o colorado/negro, tu anti o pro. Qué lástima me da tu arrogancia. Que pena. Tanta tristeza me da esas fotos que sacás sin darte cuenta que fuera del 10 x 5 queda un mundo fuera. Maldito idiota.
Temporada de intertextualidades. De contar cuestiones de la realidad, como la misma ciclotimia de la ciudad, con imágenes pasadas hace dosmilocho años atrás.Pero vamos a escaparle y vamos a ir más allá. Vamos a intentar entrar en tu cabeza. Tan confusa detrás del rubio de tu pelo que deja entrever poco y entreverar muchísimo. Me pregunto si la intertextualidad con el señor Dante será un pecado distinto, el pensar que la palabra que decís se escribe con b corta o v larga. Mal purgatorio, mal infierno, mal hoyo que va derritiéndose debajo de las alcantarillas donde ya no quedan tortugas de la infancia ni ratas karatecas. No hay mas Dizzy ni Disi. Borrador para ser normal y demostrar que nada va.
Son tan pero tan pocos. Diez estiradas, un coso que hace clanc, un sombrero que saluda, dos que se llaman como yo, un bombo, unas maderitas con una bolita en el final, dos o tres parlantes. Aunque con las diez estiradas y un aplauso, un chisteo y una linda toma de energía andan como loco.
-El problema es el planeta Tierra- se le escuchó decir de tardecita en un patio de casa vieja. Cuánta verdad para tan poca yerba. Estamos inmersos en una cuenta regresiva que despierta una nueva competencia de maratón. Hay varios interesados corriendo un conejo gordo y chancho, un chancho saltarín, deforme, largo y habitable.
Y como cada pensamiento poco lúcido se ve alienado por un sistema de terror y pecados, cada...Y como el universo se está expandiendo, algún día uno dijo que en verdad es porque si ves que todo va al revés seguro que todo salió de algún punto, el mismo. Una explosión de energía. ¿Qué hilos manejan la energía? ¿Quién es el titiritero de los pensamientos libres? ¿O no será otro tipo de alienación pensante la que sufrimos?No la sufren los iluminados únicamente, pero hay algunos que pueden darse cuenta que sonrisas entre dientes y pelos mojados al salir del mar son momentos únicos alguna vez, quizás sin pensarlo igual, pero qué lindo. Pero son instantes, son recuerdos, son momentos.Porque sería lógico que si a cada ceguera hay un sol enchapado de plata y oro detrás de la puerta, detrás de esta puerta tiene que haber también alguien manejando un timón. Un titiritero blanco que va saltando de alegría y enseñando a hacerlo mejor. Porque sí, hay un mejor.
No me reconozco en el tiempo. No me reconozco borrando los rastros de maquillaje. No me reconozco en el suicidio al darme cuenta que una marioneta se muere por enterarse de sus hilos. No me reconozco titiritero ni guitarrista. No me reconozco en mis propias rimas. No me reconozco más, ¿será que está cambiando la cuestión? He aquí la suma de borradores que nunca publiqué. A ver si me ayudan para llegar a la respuesta al final del camino.
Suma.
Esperando que gire el balón del mundo. Esperando que cambie el día. Agradeciendo que en Escandinavia hay 6 meses de luz y 6 de sombra, pero que aquí cambia todo todo el tiempo. Agradecidos de amistades y planetas reales, agradecidos de infringir la ley con la facilidad de los turcos.
No me importan tus copetes y tus incoherencias. Sabemos que las antinomias son males que no pueden gambetearse por ningún vereda. Tu blanco o colorado/negro, tu anti o pro. Qué lástima me da tu arrogancia. Que pena. Tanta tristeza me da esas fotos que sacás sin darte cuenta que fuera del 10 x 5 queda un mundo fuera. Maldito idiota.
Temporada de intertextualidades. De contar cuestiones de la realidad, como la misma ciclotimia de la ciudad, con imágenes pasadas hace dosmilocho años atrás.Pero vamos a escaparle y vamos a ir más allá. Vamos a intentar entrar en tu cabeza. Tan confusa detrás del rubio de tu pelo que deja entrever poco y entreverar muchísimo. Me pregunto si la intertextualidad con el señor Dante será un pecado distinto, el pensar que la palabra que decís se escribe con b corta o v larga. Mal purgatorio, mal infierno, mal hoyo que va derritiéndose debajo de las alcantarillas donde ya no quedan tortugas de la infancia ni ratas karatecas. No hay mas Dizzy ni Disi. Borrador para ser normal y demostrar que nada va.
Son tan pero tan pocos. Diez estiradas, un coso que hace clanc, un sombrero que saluda, dos que se llaman como yo, un bombo, unas maderitas con una bolita en el final, dos o tres parlantes. Aunque con las diez estiradas y un aplauso, un chisteo y una linda toma de energía andan como loco.
-El problema es el planeta Tierra- se le escuchó decir de tardecita en un patio de casa vieja. Cuánta verdad para tan poca yerba. Estamos inmersos en una cuenta regresiva que despierta una nueva competencia de maratón. Hay varios interesados corriendo un conejo gordo y chancho, un chancho saltarín, deforme, largo y habitable.
Y como cada pensamiento poco lúcido se ve alienado por un sistema de terror y pecados, cada...Y como el universo se está expandiendo, algún día uno dijo que en verdad es porque si ves que todo va al revés seguro que todo salió de algún punto, el mismo. Una explosión de energía. ¿Qué hilos manejan la energía? ¿Quién es el titiritero de los pensamientos libres? ¿O no será otro tipo de alienación pensante la que sufrimos?No la sufren los iluminados únicamente, pero hay algunos que pueden darse cuenta que sonrisas entre dientes y pelos mojados al salir del mar son momentos únicos alguna vez, quizás sin pensarlo igual, pero qué lindo. Pero son instantes, son recuerdos, son momentos.Porque sería lógico que si a cada ceguera hay un sol enchapado de plata y oro detrás de la puerta, detrás de esta puerta tiene que haber también alguien manejando un timón. Un titiritero blanco que va saltando de alegría y enseñando a hacerlo mejor. Porque sí, hay un mejor.
No me reconozco en el tiempo. No me reconozco borrando los rastros de maquillaje. No me reconozco en el suicidio al darme cuenta que una marioneta se muere por enterarse de sus hilos. No me reconozco titiritero ni guitarrista. No me reconozco en mis propias rimas. No me reconozco más, ¿será que está cambiando la cuestión? He aquí la suma de borradores que nunca publiqué. A ver si me ayudan para llegar a la respuesta al final del camino.
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