31.10.10

Suena una afinación y en el contratiempo de la milonga se escapa un guiño de silencio.
¿Y si ese silencio es alegría pura y concreta?

La milonga.

17.10.10

Recordar que la única muralla es saltable a cada rato y que es esa misma que está todo el tiempo, ¡Dios! ¡Somos los mismos estúpidos de siempre intentándo luchar contra esa gravedad que todo el tiempo nos tira para abajo! Malditos brotes de vida en plenos asfalto -violetas en el hormigón- que no alcanzan a respirar jamás el aire puro cercano al sol entre las sombras de los edificios de Caballito. Somos vida como los hongos de humedad en las paredes. Esos que van pudriendo los cimientos de algo que supo ser.
Voy buscandome en ese espejo sucio que está reventado de agua y no puedo sentir otro relieve que las mismas ojeras debajo de las pupilas. Huecos bajo mis ojos, llanto total a cada rato y en cada pata de la mesa quebrada de tanto uso. No queremos más callos en el codo, ni más mostrador. No quiero más el sueño eterno y la ilusión de que podemos ganarle a la gravedad. Si ya es hora de entender que no se puede más jugar contra el viento y marea, si es hora de saber que la contracorriente sólo va a electrocutar cada una de mis putas venas contra el empedrado de mi barrio. Positivo y negativo, polos de un mismo entierro y hasta el cura se piantó de la esquina.
No puedo asincerarme, no puedo leerme ni en las letras de mis diarios íntimos. Voy cayendo boca abajo en falsedades de papel madera donde leo manuscritos de mi tinta, de mi puño y mi letra, mi sangre corriendo lamentando la existencia de todo. ¿No es hora acaso de la autoreflexión que me lleve al paredón donde se haga la justicia que se debe hacer con uno mismo? Autofusilamiento es quizás la luz al final del túnel, la esperanza a éste derroche de aire que le robo a quien si cree que va a vencer.
Estoy seguro que en este lugar hay una reunión secreta que decide mi destino y el tuyo. Y un botón que sabe mucho y sobre todo de los problemas tuyos y míos. Busco la luz, viene y es el último tren. Quizás es tiempo de ser libre y dejar de ser y estar. ¿Y si el que hace mover la palanca se quedó dormido y me dejó andando en vano? Porque puede ser, ¡claro que sí! Silencio y viento. Corteza de árbol dura y ronca. Silencio con zumbido de tu prendida y una nota entre el mar que no hace mal sino andar entre los rieles. El último, si se pierde uno la queda. El último, aquella luz que es una vela en el mar flotando para todos. Suenan los alambres del titiritero que duerme en la esquina. Anuncian su llegada y la luz viene de donde se estipula sin duda alguna. La luz no viene por mí, ¿acaso estoy cruzado otra vez? ¿o acaso todos estamos al revés? ¿Ocaso hay ecos por doquier? ¿Vida? ¿Por qué no te digo chau con este escaso porvenir? Son horas cuando ya toods se largaron y no están para volver. No piden boleto y no piden más que el final. Que se termine todo esto con la luz del último tren. ¡Qué ganas de saltar a tiempo!
El que baja esa palanca vida-muerte se olvidó de mí. Pero yo no me olvidé del que la mueve en tierra de vivos. Si el muere todos mueren. Si el duerme, ¡que me pisen! ¡que me pisen! No cambia nada. Si falta un guiño entre mil, un centavo en un millón. Ser uno menos es hacer menos fuerza de manera corriente. Ser uno menos acá es ser uno menos para siempre. ¿Será que hay manera de salvarnos todos? ¿O que siempre será el zumbido el que entre hasta hacerme sangrar? Veo los ojos de sardina pero no hay putas ni pistolas. ¿Se habrán vuelto fifís todos los personajes o todavía quedará esa revolución con una silla en cada esquina? Reyes del terror. Yo me quiero bajar.
Esta carta es para los dueños del mundo que la disfrutan sin duda alguna. ¿Nos salvamos todos o volamos todos? Está todo y medido, estoy todo estipulado. El tren que me lleva a la muerte ya tiene los horarios y yo como mal actor no me aprendí la letra de ningún papel, a ninguna hora y a ningún lugar. ¿Será o no será? Tres a cero y ningún carguero. El rey sabe cuál viene y a dónde va. ¿Qué mano pasa por tu pelo? La mía llena de mi propia sangre te dice chay sin palabras dulces ni adioses rimados. Todas falsas alarmas en este riel sin destino. Con destino a no se qué. Con olor a muerte. Sangre negra y pájaros sin volar. Ni un pío pío en el viento. Ni un pájaro en la falsa alarma. Ni una voz en la estación. Un pez sin sala de espera, un botín sin cordón.

¿Dónde estoy?