7.6.10

Te vi. No había flores. Te vi y sólo hacía frío. Yo te miraba de reojo porque intentaba engatusar alguna que otra mirada regalando chocolates y haciendo el ridículo para hacerme notar. Tonta como siempre te vi. Tonta como siempre andaba regalando el dulce a cambio de un poco de olvido. Un poco de olvido con olor a puerto. Estábamos todos y juntos, ahí detrás del teatro en aquel recoveco donde Mario Bros sirve pizza a rolete. Y entre el bochinche de la noche y la tortura del recuerdo te vi. Estabas ahí. Dejabas caer tus muletas al piso y mantenías el equilibrio con la pierna que te quedaba. Probabas a cada segundo lo invisible que eras y lo poco de mágico que tenía tu milagro. Es que no era ningún truco esa manifestación, era simplemente una saturación de lo que sucede todo el tiempo. Al sonar la madera de la muleta contra el asfalto y tus piernas se doblaban para sentir el frío de la calle nadie miraba ni atrás ni adelante, sólo escuchaban el gas de sus bebidas y yo... te vi, pero estaba pendiente del chocolate.

Muletas en Ciudad Vieja.

1 comentario:

Julieta dijo...

Te vi, no.
eso dicen los tontos,
y vos no sos ningún tonto.