2.1.08

En un globo aerostático miniatura, de color naranja, que cayó en mi jardín encontré un sobre con un destinatario que tenía forma de lamento. Era una carta futurista caida desde el más allá en el tiempo, una confesión de un futuro no esperado. En esa confesión cual esta conversación de una sola voz se turnaban las palabras con acentos y sin acentos, con tildes y sin tildes, sin importar lo que pasaba. El puño parecía el mismo y la letra más crecida y quizás mas distante. La misma confesión resonaba que no entendía como podía haber llegado la situación de no ver el final del tunel, de no ver el camino y de pensar siempre que las paredes a uno lo encierran sin libertades para siempre. Que no hay finales y que sólo la calle está llena de bombos tristes que no suenan. Que están tirados en los escalones de las esquinas de los barrios y que pasados de rosca en humo y química motricidad sólo suenan antimusicalmente mal para cualquier oído, sobre todo para el de las monjas que quieren dormir. Pobres monjitas, ¿no?

Nosentiendena. Usalaboinaroja.

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