Te vi. No había flores. Te vi y sólo hacía frío. Yo te miraba de reojo porque intentaba engatusar alguna que otra mirada regalando chocolates y haciendo el ridículo para hacerme notar. Tonta como siempre te vi. Tonta como siempre andaba regalando el dulce a cambio de un poco de olvido. Un poco de olvido con olor a puerto. Estábamos todos y juntos, ahí detrás del teatro en aquel recoveco donde Mario Bros sirve pizza a rolete. Y entre el bochinche de la noche y la tortura del recuerdo te vi. Estabas ahí. Dejabas caer tus muletas al piso y mantenías el equilibrio con la pierna que te quedaba. Probabas a cada segundo lo invisible que eras y lo poco de mágico que tenía tu milagro. Es que no era ningún truco esa manifestación, era simplemente una saturación de lo que sucede todo el tiempo. Al sonar la madera de la muleta contra el asfalto y tus piernas se doblaban para sentir el frío de la calle nadie miraba ni atrás ni adelante, sólo escuchaban el gas de sus bebidas y yo... te vi, pero estaba pendiente del chocolate.
Muletas en Ciudad Vieja.
7.6.10
23.5.10
40 hojas. Comienzo de Abasto, de a ratos: un ancho. Anchos de Abasto y perfiles de sazón. Camino a hoy con la cabeza en una caja negra que refleja el rebote de un recuerdo. Una fotografía en sepia y un duelo que debe doler.
Suposiciones de oraciones en posiciones de sesiones entre espiritistas y cotidianas, entre fascistas y lennonianas. El frío nos hace pensar: ¿y cómo seremos cuando seamos viejos? ¿yo? ¿y vos? ¿cómo será nuestra alma cuando sólo nos calcen en el cuore una trama escocesa y un confuso punto de crochet?
Repercusiones nulas. No sabe y no contesto. 40 hojas que caen y yo junto a ellas. 40 hojas que caen y yo junto a ellas. 40 hojas que caen y yo junto a ellas. 40 hojas. Yo. Ellas. ¿De qué color será tu pullover este infierno?
Querido cuadernito.
Suposiciones de oraciones en posiciones de sesiones entre espiritistas y cotidianas, entre fascistas y lennonianas. El frío nos hace pensar: ¿y cómo seremos cuando seamos viejos? ¿yo? ¿y vos? ¿cómo será nuestra alma cuando sólo nos calcen en el cuore una trama escocesa y un confuso punto de crochet?
Repercusiones nulas. No sabe y no contesto. 40 hojas que caen y yo junto a ellas. 40 hojas que caen y yo junto a ellas. 40 hojas que caen y yo junto a ellas. 40 hojas. Yo. Ellas. ¿De qué color será tu pullover este infierno?
Querido cuadernito.
Hora temprana, pero al fin, es la hora de dormir acá donde me tocó crecer. Silencio de inspiración, una soledad donde la voz es pura y el alma es cero, donde el silencio es la canción. Suena, respira un árbol. En el recuerdo inmediato alguien me dice 'jilguero'. Yo canto de alegría, se me pone el pecho amarillo. Bien te veo, bien.
Jilguero. Benteveo. Bicho feo.
Jilguero. Benteveo. Bicho feo.
En el trunco tempo de esta chacarera te veo tachicatapum tachicatapum por mis alrededores, revoloteando cual campanita - tin tan tin tan. ¡Qué ganas de que suenes a negra en mi alma! ¡Qué ganas qué! Pedazos de luna y de exclamaciones te esconden de mi en plena noche, en plena calle y no te veo más que en abrazos y besos ajenos de sábado a la noche. Romances de calle que no supimos ser y yo, una gravedad. Una gravedad que me mantiene al piso como gusano, arrastrando cada parte de un alma deshecha. En cada esquina doy la vuelta para ver si encuentro tu luz. Una luz que me pegue los restos para volver a ser entero. Mi alma es un plato roto.
¡Qué plato!
¡Qué plato!
¿Veré en la noche tu sonrisa y así entonces poder trocar el temblor de mi pecho por caricias? En el pulso de la medianoche piso entera el agua y sueño con secarme todo el óxido que la arena de un error de verano me dejó. Hundido en arenas inquietas pero inmóviles, en silicio de fracaso. Bien cercano al piso yo repteo, un lagarto de tribuna de madera que llora las derrotas sobre la hora. Mi pecho quiere le saquen el pus, ¿dónde atienden los exprimidores en esta ciudad que nunca duerme, que nunca muere?
Pus.
Pus.
Presa de la falta de nuevos horizontes a tu lado. Tengo una fila de platos sucios esperando ser enjuagados pero sólo quiero lavar tu piel. Le dicen sombra a aquel que patea fuerte y duro a la boca de mi estómago. Clava al ángulo el dolor y sin aire sigo. Se cagan a patadas en mi interior pero nadie sangra porque quedé congelado y sin suertes.
En el fondo el deseo de ser niñó es por la sorpresa de aquella buena vez, de aquella buena voz. Dejame creerlo.
Promoción.
En el fondo el deseo de ser niñó es por la sorpresa de aquella buena vez, de aquella buena voz. Dejame creerlo.
Promoción.
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